sábado, 4 de octubre de 2014

Creer y Saber

Creí, por lo cual hablé. 2 Corintios 4:13

Estas cosas os he escrito a vosotros que creéis en el nombre del Hijo de Dios, para que sepáis que tenéis vida eterna. 1 Juan 5:13
¡Todo parecía perdido! La tempestad se llevaba el barco y toda esperanza de salvación había desaparecido. Pero de repente se oyó una voz, la del apóstol Pablo, prisionero por su fe: El “Dios de quien soy y a quien sirvo” me dijo: “Pablo, no temas… Por lo tanto, oh varones, tened buen ánimo; porque yo confío en Dios que será así como se me ha dicho” (Hechos 27:23-25). Pablo creía a Dios y sabía que haría lo que había dicho. El apóstol Pedro también dijo un día a Jesús: “Y nosotros hemos creído y conocemos que tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente” (Juan 6:69).
Para comprender las verdades divinas, o para captarlas con nuestra inteligencia, debemos recibirlas, creerlas. Todo el contenido moral y espiritual de la Palabra de Dios se capta primeramente mediante la fe; y la fe viene por el oír la Palabra de Dios. Así es como Dios se revela. Jesús se gozaba de que esta revelación permaneciese oculta para los sabios o inteligentes, pero que fuese revelada a los niños (Lucas 10:21). “Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve” (Hebreos 11:1).
¿Quién puede explicar cómo el Señor, cuando vuelva, resucitará los cuerpos de los que salvó, sin cometer ningún error, y los llevará a la gloria? Si usted quiere comprender esto antes de creer, está perdiendo el tiempo y quizá su alma. Dios nos pide creer, y mediante la fe nos da la seguridad que necesitamos. “Si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo” (Romanos 10:9).


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miércoles, 17 de septiembre de 2014

Hacer Tesoro no es...

HACER TESORO! NO ES TENER Y JUNTAR MUCHO PARA MI, SINO TODO PONERLO BAJO LA DIRECCIÓN Y GOBIERNO DE DIOS!!!
Luc 12:20 Pero Dios le dijo: Necio, esta noche vienen a pedirte tu alma; y lo que has provisto, ¿de quién será? 
Luc 12:21 Así es el que hace para sí tesoro, y no es rico para con Dios.

(Textos compartidos por el Pastor Ovejero Danny que nos esta acompañando esta mañana desde Baires!!!)

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jueves, 28 de agosto de 2014

¡Liberado!

(Jesús le dijo:) ¿Quieres ser sano? Juan 5:6
Mira, has sido sanado; no peques más. Juan 5:14

(Lea Juan 5:1-9)

Una multitud de enfermos se reunió en el estanque de Betesda, en Jerusalén. Jesús se acercó a uno de ellos, enfermo desde hacía 38 años, y le preguntó: “¿Quieres ser sano?”.
Normalmente eran los enfermos quienes iban a Jesús para pedirle ayuda, pero en este caso fue Jesús quien propuso la sanación. ¿Por qué Jesús se ocupó solamente de ese hombre paralítico? ¿Era porque ese enfermo había comprendido que no podía ser salvo sin la intervención del Señor?
“No tengo quien me meta en el estanque”, respondió el enfermo. Durante su vida sólo había tenido decepciones. Tal vez en otro tiempo había tenido familiares o amigos que le ayudasen, pero ahora no tenía a nadie. Sin embargo Jesús estaba ahí para sanarlo.
La pregunta también es para nosotros: ¿Quiero ser liberado de lo que me paraliza, de lo que me impide seguirle? Creyentes o no, quizá toleramos en nuestra vida ciertas costumbres malas, incluso sabiendo que nos hacen daño y nos destruyen. Pero el Señor quiere que su luz nos penetre, por ello nos pregunta si en verdad queremos ser curados interiormente. ¡Dejémosle poner al descubierto nuestros pensamientos más secretos, para ser realmente liberados!
El Señor quiere salvarnos, pero no lo hará si nosotros no queremos. Jesús viene a mí y me ofrece la liberación. ¿La acepto? ¿Estoy dispuesto a dejarlo actuar libremente en mi corazón, iluminar mi conciencia? Jesús puede salvar, purificar, liberar, porque por amor murió por nosotros.


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viernes, 22 de agosto de 2014

¡CONFIAR PLENAMENTE EN JESÚS!


Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí.      Gálatas 2:20


Hudson Taylor, uno de los primeros misioneros cristianos en entrar en China en 1854, tenía una vida de fe excepcional. Experimentó que Dios, en su amor, su poder y su fidelidad, puede darnos una salida en las situaciones más difíciles. ¡Qué descanso cuando dejamos a Jesucristo la dirección de nuestra vida! La biografía de Hudson Taylor comprende una voluminosa correspondencia. A continuación podemos leer un fragmento:

«Ahora creo que las luchas, los esfuerzos, las aspiraciones, el esperar días mejores, no son el verdadero medio para llegar a la felicidad, a la santidad, a una vida útil.
El más santo es el que posee mejor a Cristo dentro de sí y se goza totalmente en su obra cumplida en la cruz.
Se trata de descansar, de no hacer esfuerzos para luchar; de poner la mirada en Jesús, de confiar en él para vencer… de descansar en el amor de un Salvador todopoderoso, gozosos por tener una salvación completa y porque estamos liberados del pecado.
No se trata de luchar para tener la fe, sino de mirar a Aquel que es fiel, y de confiar totalmente en él, pues prometió que permanecería junto a mí y que nunca me abandonaría.
No pensemos que esta experiencia, estas verdades, son sólo para una minoría. Ellas están al alcance de cada hijo de Dios.
El único poder para ser liberado del pecado o para consagrarse realmente a Dios es Jesucristo».



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martes, 19 de agosto de 2014

Solo queda ORAR!!


¡Sólo queda orar!

Acercaos a Dios, y él se acercará a vosotros. Santiago 4:8
Con mi voz clamé a Dios, a Dios clamé, y él me escuchará. Salmo 77:1


«Hacer una oración». Esta es una expresión que a veces se usa de forma irónica para hablar de una forma de misticismo o de superstición. La oración también puede ser la fórmula mágica para quienes desean que un proyecto les salga bien o que un deseo se cumpla. Como son conscientes de su incapacidad para resolver un problema, evocan la oración como último recurso. Pero, ¿eso es orar?
La oración de un cristiano tampoco consiste en un conjunto de frases aprendidas de memoria que repetimos como una letanía, sino en una verdadera comunicación, una conversación con Dios. Es la expresión de confianza y dependencia con respecto a una persona que conocemos, igual que una petición de un niño a su padre.
Conocer a Dios como un Padre que nos ama es haber aceptado la salvación que ofrece a todo hombre. Dios, por amor, quiso salvarme, adoptarme para que fuese su hijo. Mi primera oración consistirá en darle las gracias. Y teniendo esta buena relación puedo ir a él en todo momento. Ninguno de mis problemas es demasiado pequeño o demasiado grande para él. Sentiré la oración como una necesidad; será como la respiración de mi alma.
¿Disfruta usted el privilegio de tener una relación así con el gran Dios del cielo y de la tierra? “Acercaos a Dios” (Santiago 4:8). “Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro” (Hebreos 4:16).


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martes, 5 de agosto de 2014

La Biblia es un libro para todos!!!

Abre mis ojos, y miraré las maravillas de tu ley. Salmo 119:18
Tu dicho me ha vivificado. Salmo 119:50

Lámpara es a mis pies tu palabra, y lumbrera a mi camino. Salmo 119:105
Todo el mundo está de acuerdo en reconocer que la Biblia ocupa un lugar importante en el patrimonio cultural y religioso de la humanidad. ¿Por qué, pues, considerarla desfasada con respecto al mundo actual? ¿Por qué la Biblia no respondería a las preocupaciones del hombre de hoy? Las necesidades fundamentales del hombre, ¿habrán cambiado tanto?
Querido lector, tómese un tiempo para leer la Biblia. Quizás usted diga: «Lo he intentado, pero poco entiendo». Sin embargo, su ­mensaje esencial es comprensible para todos. Comience preferiblemente por el Nuevo Testamento: los evangelios, los Hechos de los apóstoles y las epístolas. Evite leer al azar, siga un orden en su lectura. No se deje desanimar por un pasaje que le parezca difícil, continúe la lectura.
El lector sincero será interpelado por los temas tratados: Dios, el hombre, el sentido de la vida y de la muerte. La lectura de la Biblia establece una relación con una persona viva: Jesucristo. Su mensaje ha transformado totalmente la vida de innumerables hombres y mujeres. No es un libro reservado para los sabios, los teólogos o los místicos, sino que es un libro para todos. Léalo con sencillez, con esperanza, y en sus páginas descubrirá a un Dios vivo que da la vida. ¡Él lo escribió para que usted lo lea!
Alguien escribió: «Es el libro que ha secado el mayor número de lágrimas, ha iluminado el mayor número de conciencias, ha
 apaciguado al mayor número de remordimientos y regenerado el mayor número de caracteres».

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domingo, 16 de marzo de 2014

Dios también ama a los «inactivos»

Dios mío… Mírame, y ten misericordia de mí, porque estoy solo y afligido. Las angustias de mi corazón se han aumentado; sácame de mis congojas. Salmo 25:2, 16-17
Así dijo el Señor… En quietud y en confianza será vuestra fortaleza. Isaías 30:15

Abrumado por el trabajo, Don, un cristiano celoso por Dios, se enfermó; cayó en una depresión que duró cuatro años. Su mujer le llevó al hospital un libro titulado «Permanecer en Cristo». En la cubierta del libro se veía a un hombre orando. Don observó la imagen un rato y luego, descontento, puso el libro de lado.
«Tengo que reconocer, explicó más tarde, que la palabra permanecer nunca había ocupado un buen lugar en mi vocabulario cristiano. Para mí era sinónimo de detenerse, de descansar, de callarse… y esto no iba bien con mi dinamismo. Pero fui detenido en mi carrera agitada, y lo único que todavía podía hacer era precisamente permanecer en Cristo.
Se necesitaron semanas para que mi mente tan activa fuese a la par con mi agotado cuerpo. Cuando llegué a ese estado, quedé gratamente sorprendido. Dios me seguía hablando, todavía estaba ahí, su Espíritu no se había ido y su poder no había disminuido. Yo me tuve que detener, pero Dios no. Entonces descubrí, para mi mayor sorpresa, que Dios también ama a los que están inactivos. ¡Qué revelación para mí! ¡Qué gozo sentí al permanecer simplemente en Él! Comprendí que Dios no sólo me amaba en medio de mi «inactividad», sino que quería decirme al oído palabras de ánimo que no podemos oír ni comprender cuando estamos en plena actividad en los campos de batalla de la vida cotidiana.
Mi Dios no me ha abandonado; simplemente me ha reorientado. Se tomó el tiempo para sentarse a mi lado y enseñarme… en profundidad»...


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